EL INFIERNO
60
La malicia y los artificios de los espíritus infernales
576.
Cuan superiores son los espíritus comparados con los hombres puede ver y
comprender cada uno que piensa algo mas interiormente, y que tiene algún
conocimiento de como funciona su mente, porque el hombre puede en su
interior analizar, desarrollar y resolver en un minuto más cosas que con
hablar y escribir puedo expresar en una media, hora, Es por lo tanto
claro cuan superior es el hombre cuando se encuentra en su espíritu, por
consiguiente cuanta excelencia tiene cuando llega a ser espíritu, siendo
así que el espíritu es él que piensa y el cuerpo es el medio por el cual
el espíritu expresa sus pensamientos, hablando o escribiendo. De ahí que
el hombre que después de la muerte llega a ser ángel se halle en un
entendimiento y una sabiduría inefables, en comparación con su
entendimiento y sabiduría mientras que vivía en el mundo, porque
mientras que vivía en el mundo su espíritu estaba sujeto por el cuerpo,
y mediante este se hallaba en el mundo natural; por lo cual lo que
entonces hablaba espiritualmente afluía en ideas naturales, las cuales
son comparativamente comunes, gruesas y oscuras, incapaces de recibir
las innumerables cosas que pertenecen al pensamiento espiritual, las
cuales además envuelven en las densidades propias de los cuidados del
mundo. Otra cosa es cuando el espíritu se halla libre del cuerpo,
entrando en su estado espiritual, lo cual se verifica cuando pasa del
mundo natural al mundo espiritual, el cual para el espíritu es el
verdadero. Que entonces su estado con respecto a sus pensamientos y sus
inclinaciones es enormemente superior a su estado anterior, puede ser
claro por lo aquí expuesto, y esta es la razón de que los ángeles hablan
cosas inefables o inexpresables, es decir, cosas que no pueden entrar en
los pensamientos del hombre natural y sin embargo cada ángel ha nacido
hombre y vivido hombre, sin haber sido entonces, a su parecer, más sabio
que otro de sus semejantes.
577.
Cuanto en los ángeles, hay sabiduría y entendimiento tanto hay en los
espíritus infernales maldad y astucia. Es una misma cosa, siendo así que
el espíritu del hombre, cuando se halla libre del cuerpo, está en su
bien o en su mal, un espíritu angelical en su bien, un espíritu infernal
en su mal, porque cada espíritu es su bien o su mal, puesto que es su
amor, según antes se ha expuesto muchas veces; por lo cual, así como un
espíritu angelical piensa, quiere, habla y obra por virtud de su bien,
así hace un espíritu infernal por su mal, y pensar, querer, hablar y
obrar, por virtud del mal mismo, es hacerlo por virtud de todo cuanto
hay en el mal. Era diferente mientras que vivía en el cuerpo; entonces
el mal del hombre se hallaba aprisionado, cual es el caso con todo
hombre, por temor de la ley, por las ganancias, por el honor, por la
reputación, y por temor de perder estas cosas, por cuya causa el mal de
su espíritu no podía entonces salir al exterior y exhibirse tal cual era
en sí mismo. Además el mal del espíritu del hombre, se hallaba entonces
revestido de cierta honestidad, sinceridad y rectitud exteriores, y de
una inclinación exterior a la verdad y al bien; cuyas virtudes el hombre
profesaba con su boca y practicaba mentirosamente a causa del mundo,
mientras por debajo de esto yacía el mal oculto y envuelto en tanta
oscuridad, que él mismo apenas tenía conocimiento
de que en su espíritu existía tan
grande maldad y astucia, es decir, de que en sí mismo era el demonio que
llega a ser después de la muerte, cuando el espíritu entra en sí mismo y
en su propia naturaleza. Entonces revela tanta maldad que excede toda
creencia. Millares son los males que entonces salen del mal mismo, y
entre ellos hay de tan inauditos que no se pueden expresar con palabras
en idioma alguno. Cuales y como son me ha sido permitido conocer y
también sentir por varias experiencias, puesto que me ha sido concedido
por el Señor estar en el mundo espiritual con respecto a mi espíritu y
al mismo tiempo en el mundo natural con respecto al cuerpo. Puedo
certificar: Que su maldad es tan grande que apenas puede expresarse uno
entre mil de sus males, y también que, si no fuera por la protección del
Señor el hombre no podría jamás ser extraído del infierno, porque en
cada hombre están presentes espíritus del infierno y ángeles del cielo
(véase mas arriba, n. 292, 293), y el Señor no puede proteger al hombre
si este no reconoce lo Divino y si no vive una vida de fe y de amor al
prójimo, porque de lo contrario se aparta del Señor, y se vuelve hacia
los espíritus infernales, empapándose de esta manera con respecto a su
espíritu de la misma maldad que estos. A pesar de esto, el hombre es
constantemente conducido por el Señor lejos de los males que a
consecuencia de su adhesión a estos espíritus recoge y en cierta manera
atrae hacia sí—si no mediante vínculos interiores, pertenecientes a la
conciencia, cuyos vínculos no acoge, si niega lo Divino, a lo menos
mediante vínculos exteriores, los cuales, como ya hemos dicho, son
temores de la ley y su castigo, de la perdida de ganancias, de
reputación y de honra. Tal hombre puede por cierto ser retenido del mal
por medio de los goces del amor a sí mismo y por medio del temor de la
perdida y despojamiento de los mismos, pero no puede ser introducido en
bienes espirituales, porque a medida que es introducido en estos, medita
en su interior astucias y engaños aparentando e imitando cosas buenas,
sinceras y rectas, con el objeto
de persuadir y así engañar. Esta astucia se añade a la maldad de
su espíritu, modulando esta hasta hacerla forma exacta del mal de su
naturaleza.
578. Los
peores son los que han vivido en males a causa del amor a sí mismo, y
los que en su interior han urdido tramas; porque el engaño penetra más
profundamente en los pensamientos o intenciones, contaminándolas, o
envenenándolas, destruyendo de esta manera toda vida espiritual en el
hombre. La mayor parte de ellos están en los infiernos posteriores y se
llaman genios. Su placer allí es hacerse invisibles y como espectros
rodear a otros, y ocultamente introducir males, los cuales esparcen
alrededor de sí como culebras que echan su veneno; estos, con
preferencia a los demás, son atormentados de una manera terrible; pero
los que no han sido astutos y aficionados a nefandas, estratagemas,
hallándose, sin embargo, en males por el amor a sí mismo, están también
en los infiernos posteriores pero no a tanta profundidad. Los que han
vivido en males por amor al mundo están en los infiernos anteriores y sé
llaman espíritus. Estos no tienen tanta maldad, es decir, no tienen
sentimientos feroces de odio y venganza como los que se hallan en amor,
a sí mismo, por consiguiente, tampoco tanta crueldad y astucia, por lo
cual sus infiernos son menos severos.
579. Me
ha sido concedido conocer por experiencia de que carácter es la maldad
en los que se llaman genios. Los genios no obran ni influyen sobre los
pensamientos, sino sobre las inclinaciones; perciben y huelen, como
perros de la caza en los bosques; las buenas inclinaciones, donde quiera
que las encuentren, transforman al momento en malas, con dirigirlas e
inclinarlas con asombrosa destreza por medio de los goces del individuo,
y tan secretamente, y con tanta maña, que este de nada se apercibe, y
cuidan con habilidad de que nada penetre en el pensamiento, porque
entonces son descubiertos. En el hombre tienen su lugar en la parte baja
de la región posterior de la cabeza. En el mundo han sido hombres que
engañosamente han procurado captarse mentes ajenas, con guiarles y
persuadirles mediante sus inclinaciones o los goces de sus pasiones;
pero son mantenidos por el Señor a distancia de los hombres de cuya
regeneración hay alguna esperanza, porque son capaces no solamente de
destruir sus conciencias sino también despertar sus males hereditarios,
los cuales de otra manera yacen ocultos. Por esta razón, y con el fin de
que el hombre no sea introducido en estos males cuida el Señor de que
estos infiernos estén completamente cerrados y cuando, después de la
muerte, algún hombre, siendo tal genio, entra en la otra vida, es
inmediatamente echado en su infierno. Estos genios al ser contemplados
con respecto a su carácter traidor y su astucia, presentan en efecto el
aspecto de culebras.
580. La
cualidad y naturaleza de la maldad que tienen los espíritus infernales
puede apreciarse por sus nefandos artefactos, que son tan numerosos que
llenarían todo un libro si fueron nombrados y varios tomos si fueron
explicados. Estos artefactos son casi todos desconocidos en el mundo.
Una clase se refiere a abusos de las correspondencias, otra clase a
abusos de las cosas extremas del orden Divino. Una tercera a
comunicación e influjo del pensamiento y de las inclinaciones, con
volverse en cierta dirección, con observar y con servirse de otros
espíritus fuera de ellos; también mediante emisarios. Una cuarta a
causar efectos mediante fantasías, una quinta a salir fuera de sí mismos
y por consiguiente presentarse en un lugar otro que aquel en que se
hallan con respecto al cuerpo. Una sexta a simulación, persuasión y
mentiras. En estas artes entra el espíritu de un hombre malo
espontáneamente cuando queda libre del cuerpo, porque existen en la
naturaleza de su mal en cuya naturaleza entonces entra. Mediante éstas
artes se atormentan unos a otros en los infiernos, pero siendo
desconocidas en el mundo todas estas artes con excepción de las que se
refieren a simulaciones, persuasiones y mentirás, no las explicaré
detalladamente, porque no se comprenderían y porque son nefandas.
581. La razón por la cual los tormentos en los infiernos son permitidos por el Señor, es que de otra manera los males no podrían ser mantenidos dentro de límites y subyugados. El único medio de mantenerles dentro de límites y mantener su geta la horda infernal es el temor del castigo; no existe otro medio porque sin el temor del castigo y el tormento estallaría el mal en furia y todo sería deshecho, como un reino en la tierra en el cual no hubiera ley ni castigo.
|
El siguiente capítulo[61]
§§ 582—588 La aparente
situación y número de los infiernos |